| Dios y La Ciencia, La Personalidad |
Publicado en la revista Perspectiva (ITBA)
Año 1 - Nº 1 - Junio 1996
Muchas personas consideran que religión y ciencia son conceptos separados, incompatibles. Existen científicos que se catalogan como ateos porque creen que la ciencia explica todo. Algunos de ustedes, mis compañeros y amigos del ITBA, han criticado mi postura y defendido la propia usando este argumento. Así queda olvidado el aspecto espiritual del ser. Por otro lado, gran cantidad de religiones consideran a la ciencia como un riesgo a la inocencia del ser humano. Existen religiones que prohiben que sus miembros reciban ciertos tratamientos médicos, como transfusiones de sangre, aún a riesgo de perder una vida. Así queda olvidado el aspecto físico del ser. Existen los que no se adhieren a ninguna postura extremista, aunque esto les cause mucha confusión. Mi intención es dar un pequeño vistazo de mi postura respecto del asunto. ¿Qué tal si la ciencia y la religión estuvieran convergiendo a lo mismo, en realidad?
Desde que tengo uso de la razón y de la fe, siempre me atrajeron los temas considerados raros. Fantasmas, OVNI, la vida después de la muerte... ¿Qué es Dios? ¿Qué somos los humanos? Estas y muchas otras preguntas me acechaban desde que tenía más o menos 8 años.
Por otro lado, siempre me interesó la ciencia; la química de las cosas. Yo decía que me gustaba la química porque estaba en todas partes, desde lo más ínfimo a lo más gigante; la química lo abarcaba todo. La idea que yo tenía de la química tiene una analogía con el concepto que tengo hoy de Dios. Ambos están en todas partes.
Cuando tenía 16 años sentía una tremenda sed de conocer La Verdad; aún hoy la siento. Un buen día, viendo una película donde se mostraba la historia de una mujer (Shirley MacLaine) que descubre el aspecto esotérico del ser, me di cuenta de que eso me sonaba bien; es más, me sonaba conocido. Médiums, extraterrestres, reencarnación... esas palabras resonaban en mi mente y en mi corazón. Yo lo llamo resonancia, porque lo siento así: es como volver a sintonizarse con cosas que siempre estuvieron ahí, escondidas.
Comencé entonces a preguntarme sobre estos temas, y a leer. Sobre todo, me gustaban los libros que ofrecían testimonios de casos concretos. Me sentía muy emocionada de poder acceder a tanta información. Sin embargo, una parte muy importante de mí sentía terror de lo que podía encontrarme. A pesar de que mucho de lo que leía no parecía tener explicación científica, a mi cada vez me parecía que tenía más sentido.
Mi acercamiento a todos estos temas siempre fue con gran cantidad de escepticismo científico, mucho del cual (desafortunadamente) conservo aún hoy. Así me aseguro de que lo que les escribo hoy es, para mí, tan claro como la ley de la gravedad de Newton. Cabe aclarar que yo fui atea desde los 12 años, y durante los siguientes 6. Consideraba que Dios era para los que necesitaban sentirse apoyados cuando estaban mal o solos, y yo estaba más allá de eso. ¡Qué equivocada que estuve!
También quiero aclarar que, para mí, el concepto de religión no se atiene a ninguna en particular sino que abarca toda dogmatización de Dios que existe.
Cada ser humano tiene tres aspectos: físico, espiritual y mental (la personalidad, la individualidad). Cada uno cumple una función diferente y entre ellos existe un vínculo: la personalidad es el teléfono entre el espíritu y el cuerpo.
Teoremas, modelos, leyes, observación mediante los sentidos, estos conceptos nos suenan conocidos, son la base de la ciencia. La ciencia, en general, se ocupa de la parte material de la existencia, de los temas "del cuerpo." Por otro lado, la religión se maneja con palabras como: fe, creencia, voluntad. La religión se ocupa de los temas "del espíritu."
¿Y la personalidad? ¿Dónde queda parada en todo esto? Sencillamente, la ciencia y la religión se han olvidado de lo más esencial: el individuo. Fueron individuos los que crearon la ciencia e individuos los que creen en alguna religión; sin embargo, ninguna postura lo contempla. Es aquí donde entra a jugar mi concepción.
La ciencia y la religión apuntan en un mismo sentido: la mente, el individuo, la personalidad. Terminarán unificándose por fin, así como lo estuvieron en un principio. Una vez leí una frase que sonaba algo así: "Cuando los científicos acaben de escalar la gran montaña del conocimiento, encontrarán allí a un montón de religiosos, que llegaron hace tiempo."
El conocimiento al que se hace referencia aquí no es el que uno suele imaginar, "lo que se puede saber," sino que se trata del conocimiento supremo: el auto conocimiento. Decía Jesús, y muchos otros hombres notables: "Conócete a ti mismo, esa verdad te hará libre." Lo que querían decir es que todo lo que vale la pena saber está dentro de uno y la forma en que puede sacarse a la superficie es mirando hacia dentro. Los "religiosos" a los que se refiere no son ni los católicos, ni los judíos, ni nada por el estilo, sino son las personas que han descubierto que Dios está dentro de cada uno, y que cada uno está dentro de Dios. Esa, para mí, es la verdadera religión.
Y para eso es la vida: para aprender a conocerse y para volver a ser Dios. Pero eso, es otra historia.