| Dios y La Ciencia - La Salud y La Enfermedad |
Publicado en la revista Perspectiva
Año 2 - Nº 1 - Junio 1997
Conocerse a sí mismo es la aventura más importante que un ser humano puede emprender. No es fácil. Existen muchas influencias de parte del medio en que vivimos que nos hacen modificar constantemente quiénes somos. Sin embargo, hay cosas esenciales que no cambian, cualidades y peculiaridades que llevamos con nosotros desde que nacimos, además de problemas, conflictos y tabúes difíciles de vencer. Todos los días aprendemos cosas acerca de nosotros mismos, a veces sin darnos cuenta. Cada día se abre un poco más el alcance de nuestra conciencia. A medida que se transita la vida, se aprende la lección más importante: ser uno mismo.
Una de las formas más prácticas y directas de conocerse a uno mismo es a través de la enfermedad. Más bien, a través de los síntomas.
La semántica es sumamente importante en este caso, así que voy a hacer una distinción entre un término y otro. Enfermedad es un estado del hombre, el opuesto de salud. Así como no existe plural para la palabra "salud", no debería existirlo para la palabra "enfermedad", dado que ambas se refieren a estados del ser. Síntoma es cualquier indicio de que algo está ocurriendo en el ámbito espiritual y recuerda la existencia de la enfermedad. Lo que yo llamo síntoma es lo que suele llamarse "enfermedad" por el común de la gente.
Dos médicos alemanes, Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dalhke, escribieron un libro llamado "La Enfermedad Como Camino" (Editorial Plaza & Janés, Barcelona, 1993) donde resumen todas sus investigaciones sobre el estado de enfermedad del ser humano y los distintos síntomas que se manifiestan en este estado. Ellos conciben los síntomas como mensajes del alma para que cada ser se entere de qué es lo que le pasa en realidad. Yo adopté esta forma de interpretar los síntomas y la aplico todos los días.
En la parte teórica del libro, hacen referencia a los escritos de Jung, sobre todo en lo que respecta a la polaridad. Jung propuso que toda cualidad que manifiesta el hombre se puede dar exclusivamente como expresión de uno de dos polos posibles. Por ejemplo, una persona puede ser egoísta o generosa, pero no ambas cosas a la vez. Esta particularidad del hombre se ilustra con el clásico ejemplo de la imagen que sigue:
¿Qué se ve? ¿Una copa? ¿Dos rostros enfrentados? Dependiendo de qué color elijamos como fondo, puede ser una cosa u otra. Podemos, a lo sumo, hacer intermitencia entre una y otra imagen, pero jamás podrán verse ambas al mismo tiempo. Nuestro cerebro es incapaz de interpretar ambas imágenes al mismo tiempo.
La iluminación, que es el objetivo final de las filosofías orientales (budismo, por ejemplo), es la expresión simultánea de los dos polos opuestos de cada característica; es el estado de perfección suprema, lo máximo a lo que aspira cada ser. Según Buda: "el camino hacia la iluminación es la unión de todos los puntos de equilibrio". Dado que siendo humanos no podemos dejar de ser polares, para compensar, tenemos que oscilar entre los distintos polos. Así se llega a poder alcanzar el punto de equilibrio.
A la ley que rige este balanceo suele llamársela ley del "karma", y es el sustento de la teoría de la reencarnación, la cual propone que en una sola existencia de apenas 80 o 90 años un ser no puede llegar a adquirir la capacidad necesaria para ser completamente equilibrado, por lo tanto su alma encarnará un número de veces hasta poder alcanzar la iluminación.
El karma también explica que por cada acto que hagamos que sea manifestación de un polo, luego tendremos que manifestar el opuesto para balancear. En palabras llanas: si hoy yo mato a alguien, mañana, alguien me matará a mí. La ley del karma no admite injusticias.
Desde este punto de vista, cada ser humano elige, en el momento de encarnar, ciertos potenciales y cualidades. Estos son expresiones polares. Necesariamente habrá un conjunto equivalente de cualidades, pero perfectamente opuestas, que no se estarán manifestando.
Todo aquello que no manifestamos, es denominado por Jung como "la sombra", una especie de almacén de cosas olvidadas del alma. Siguiendo con el razonamiento anterior, esta sombra contiene cualidades que cada uno necesita expresar, vivir y aprender para poder ser iluminado. De alguna manera estas cualidades deben expresarse. Esta es la función del síntoma.
El síntoma anuncia un desequilibrio, un "olvido"; es un aviso de la sombra para que le prestemos atención a cierta situación porque tenemos algo que aprender. Poder aprovechar este mensaje o no, está en cada uno de nosotros. Resulta que cada síntoma posee un mensaje implícito diferente. Así surgen asociaciones entre lo físico y lo espiritual.
Por supuesto que la visión de la medicina tradicional es mucho más cómoda y "concreta" (y más familiar), pero hasta ahora la medicina no encontró solución a los síntomas. La gente se sigue "enfermando" hoy tanto como hace 1000 años, aunque con síntomas diferentes. Eliminar el síntoma no significa eliminar la enfermedad.
Sobre este punto, los doctores Dethlefsen y Dalhke ilustran su interpretación de la medicina tradicional (sea alopática, homeopática o terapias alternativas) empleando el siguiente paralelo. Cuando se da una falla en algún mecanismo del motor de un auto se enciende una luz indicando el desperfecto. Acto seguido, llevamos el auto al mecánico con la esperanza de que solucione el problema. Nos quedaríamos muy insatisfechos si nos diéramos cuenta de que el mecánico se limitó a quitar la lámpara del indicador en vez de resolver el problema en el motor.
¿Por qué entonces dejamos que los médicos desaparezcan nuestros síntomas sin darles oportunidad de ayudarnos a resolver el verdadero problema?
Las palabras asociadas a los síntomas no son bonitas ni placenteras de escuchar, y a nadie le gusta que le recuerden que tiene tal o cual defecto; pero he descubierto que es verdad que los síntomas tratan de decirnos algo. Y es en mí en quien primero vi la relación entre lo físico y lo espiritual que se da a través de los síntomas. Yo tengo estrabismo en el ojo izquierdo, hecho que está manifestando que no me gusta ver el lado emotivo (izquierdo) de las cosas. Comprender los síntomas que presentamos es una manera muy valiosa de conocernos.
Todos los días surgen síntomas nuevos a los que hay que prestarles la debida atención y tratar de aprender de ellos. ¿Pero cuál es la solución a la enfermedad? Ciertamente todos quisiéramos no tener que "enfermarnos" nunca.
Hay que conocerse, investigarse, escudriñar dentro de cada uno para encontrarnos con quiénes somos en realidad. Hay muchas formas de hacerlo. Hay gente que se dedica a meditar, son vegetarianos, se unen a grupos de auto-ayuda, van a analizarse, etc.
No importa el método, mientras el fin perseguido sea conocerse a uno mismo auténticamente, y quererse y aceptarse como uno es. Lo importante es reconocerse y encontrarse y ser quien uno es en realidad, y no quién los demás creen o quieren que uno sea, que a veces es más fácil que lo primero.
A través de los demás nos podemos dar cuenta de quiénes somos. Las relaciones que tenemos en nuestras vidas nos permiten observar todos los aspectos de nuestro ser. Conociendo a los demás, nos conocemos a nosotros mismos. Los defectos que nos irritan en los demás, suelen ser defectos propios, así como valoramos en los demás las cosas que consideramos valiosas en nosotros. En los primeros años de vida, nos identificamos por como nos definen nuestros padres, usualmente siendo nosotros instrumentos para cumplir sueños de ellos. A medida que pasa el tiempo y nos relacionamos con otras personas, vamos distinguiéndonos de esto.
Dado el estado del planeta en este momento, las cosas están llegando a un punto crítico. Llegó la época de ser auténticos y luchar juntos por un mundo más armonioso. Después de todo, éste es el único mundo del cuál disponemos para vivir. ¿No es hora de que lo empecemos a cuidar?
¿Y cómo empiezan las buenas costumbres? Empiezan por casa. Nuestra casa. Nuestro cuerpo, nuestra alma.