| Tan Lejos, ¿Quién es Vencedor? |
Jueves, 20 de marzo de 1997
Después de todo resulta que soy introvertida. Cuando mi vida entra en crisis, mi reacción es retrotraerme para poder asimilar lo que está pasando. En esta época tan masculina, una actitud así de femenina es mal vista, es una señal de debilidad. Yo sé que no soy débil. Entonces ser introvertida no me hace débil, sólo me hace callar cuando estoy ocupada.
Pasaron muchas cosas estos últimos días, todas me sirvieron mucho y me están cambiando. ¿El detonante? No lo sé, tal vez Carola, tal vez Walter, tal vez Ian, tal vez Diego... ¿seguro? Yo. Yo seguro que fui el detonante. Como siempre que me pasa algo importante, necesito volcarlo en palabras para convertirlo en real.
¿Qué cosas pasaron? Vamos a ir de atrás para adelante, así no me olvido de nada, y de paso encuentro el "origen" de este episodio.
Hace una hora leí un mensaje de mi "no-enemigo", Walter. Es un chico chileno, que encontró mi página de Internet y decidió escribirme al respecto. Su primer mensaje fue duro y mental, nada que ver con el último que fue sensible y emocional. Otro muchacho más que se enamora de mí por medios no convencionales. ¿Por qué este es tan distinto?
No lo es, yo sí. Walter me pescó en el momento justo. Y con sus propias palabras, dejó claro algo que es ineludible, aunque se puede disfrazar: la distancia ¿quién la vence? La distancia existe, es, está. La distancia me separa de él. Sin embargo me siento más cerca de él, o de Ian, que de Diego, con quien pude vivir una historia concreta. Como dice Walter, ¿tan lejos, quién es vencedor?
Tan lejos... nadie es vencedor.
Esa foto. Esa foto ha encantado a muchos. Hay algo mágico en ella. Creo que esa magia emana de mi propia esencia. En ese semblante no hay un solo gesto forzado. Esa sonrisa de la que tanto se dijo viene desde muy adentro mío. En el momento en que tomaron esa foto, yo estaba pensando en él. Estaba pensando en el Amor de mi Vida. Estaba imaginando (¿o recordando?) su presencia. Esos ojos, incluso con su pequeño defecto a la vista, realmente son ventana a través de las cuáles se cuela mi alma. Muchos han vislumbrado esas ventanas y han gustado (y mucho) de lo que hay detrás de ellas.
Esta semana vengo a caer en la cuenta de que soy una persona agradable. La gente se siente bien de estar conmigo. Saberlo lo sabía, pero no había llegado a sentir la fuerza que eso puede tener. Hoy el ascensor no arrancaba porque había sobrecarga. Me tuve que bajar. Era la tercera vez que se hace una referencia al exceso de peso dentro de esos ascensores. Todos los caminos conducen a Roma.
Ana María (cocinera del ITBA) me cuida mucho, ella que es tan áspera con otros. Ana María (secretaria del rector) también suele ser áspera, sin embargo yo le caí bien desde el principio. Yo tengo un encanto peculiar y la gente lo capta, incluso a través de cables o a través del ciber espacio.
¿Por qué me resulta tan difícil verlo yo misma? Las cosas desde adentro se ven muy distintas. Necesito de la gente de afuera que me digan lo que soy. Sola no me doy cuenta.
A Walter, le fascina que sea tan sensible, tan femenina. Palabras de Diego. Ahí está la clave de lo que me faltaba. Yo soy femenina. Eso seduce. Yo seduzco. Tanto así que través de Internet llega mi sensualidad al mundo. Y yo no podía verla sola. Hicieron falta Guilles, Diegos, Walters, Ians... etc. Esencialmente hice falta yo.
Walter me pregunta si es que en Buenos Aires no hay nadie que haya visto brillar mi estrella. Sí lo hay, varios hay. Todos prefieren estar lejos de mí. Prefieren otra cosa que mis cualidades tan sublimes. Así como están las cosas, yo sigo esperando la llegada de ese ser que será mi compañero para esta vida. Y no se quién es, pero lo extraño. Se de muchas cosas que quiero que pasen con él, pero no puedo predecir qué irá a suceder en el futuro.
¿Tan lejos, quién es vencedor?
Ahora entiendo mejor mi afinidad con Cristina (mi psiquiatra). Yo pensé que sería algo más bien mental, pero resulta que cada elemento de su vida que ella quiso compartir tiene mucho que ver con mi vida. El sobrepeso es sólo una señal, el problema no está ahí, pero ahí es donde duele.
Esto de ser introvertida tiene sus matices. IRC ofrece una herramienta más que poderosa para trascender nuestro cascarón. Carola, esposa y madre por accidente, y dueña del corazón de uno de los pocos hombres nobles que conozco: Miguel, mi muy querido hermano del alma; ella me terminó de enseñar lo poco que se puede saborear la vida cuando se mueve uno sólo a través del ciber espacio. Me hizo caer en la cuenta de la ingenuidad e ignorancia que se genera hacia lo real y concreto.
Los extrovertidos no soportan las máscaras e intermediarios, los introvertidos nos servimos de ellas para lograr nuestro objetivos. El cariño que siento por mi hermanito es acá, en la realidad. Una contradicción tan grande resulta de sentir cariño por alguien sólo a través de cables.
Yo no sé lo que es el amor, tenés razón Miguel. Estuve tan cerca con Diego que me duele sólo recordarlo. Sin embargo, no por esto dejo de haber sentido todo lo que sentí en la realidad. Por fin me reconcilié con los celos que le tengo a Valeria. Realmente me alegra que ella haya encontrado a alguien tan especial; eso no quita que me muera de ganas de que eso me pase a mi.
¿Tan lejos, quién es vencedor?
¿Quién va a llegar a mi corazón si yo estoy tan lejos?
Walter se pregunta cómo puede alguien haber visto mi estrella brillar y aún así no querer amarme furiosamente. Querido Walter, yo me hago esa pregunta también. No encuentro la respuesta, sólo encuentro soledad. Este ser tan maravilloso, encantador, femenino, espiritual, seductor y todo eso, está solitario. Esta mujer que soy está sola guardando, conservando, todo eso para darlo a él cuando llegue.
Yo sé que tengo un enorme potencial de amor para dar al mundo. Tengo que aprender a darlo y recibirlo. No me gusta mucho la gente que no sabe recibir, tal vez porque eso siempre me resultó difícil a mi. Es tal la impotencia que siento al conocer gente tan hermosa y que no sea posible mirarles la cara y verlos sonreir, o pestañear aunque sea. Siento un desbordante deseo de amar y ser amada. Amor de verdad, como el que Miguel siente por Carola. Amor sin fin: uno que se siente todo el tiempo, desde el primer vistazo.
Cuando escribí la dedicatoria del regalo de cumple de Miguel, le pedí tres cosas: paciencia, coraje y amor. Son cosas que ahora yo me pido a mí. La vida que me espera aún se está gestando. Poco a poco va surgiendo de entre sueños y planes.
La última frase en el mail de Walter es: "¡Te espero!" ¿Cuántos me dijeron eso? Ninguno. Que yo sepa, no hay nadie esperándome. A pesar de la vasta distancia que nos separa, él sí me espera. Me espera con brazos (y corazón) abierto. Pero no puedo sentarme a tomar con él un café, ni menos abrazarlo, ni menos besarlo. En alguna parte, a mi alcance, está ese ser especial a quien espero tan ansiosamente.
Con Diego pude dar en el blanco. Lo que busco ahora es eso mismo. Con él o con otro, pero necesito volver a sentirme querida, deseada, amada, como cuando estuve con Diego. Resulta que él ahora ya no se interesa más por mi, cosa que me duele muchísimo. A pesar de eso, yo sigo necesitándolo.
Lo que yo busco y que todavía no encontré es el amor.
¿Tan lejos, quién es vencedor?
El amor, mi querido Walter; el amor vence siempre y siempre vencerá.
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